sábado, 2 de febrero de 2013

Sin traumas

Aquí tenemos a la primera concursante de "Madre no hay más que una". Os pego a continuación el texto que me ha enviado para acercaros a la figura de una madre inexistente, que de todo hay.

El recuerdo que tengo de mi madre (me casé muy pronto y me fui a
vivir a otra ciudad) es de una tremenda indiferencia: de ella para mí
en su día; de mi para ella hoy día.

Fue hija de unos padres vascos, muy adinerados y cultos, pero
su infancia se vió truncada por la guerra civil en la que su padre,
mi abuelo, estuvo desaparecido durante 5 años, quedándose su
madre, mi abuela, sola y al cargo de 2 niñas pequeñas.

Cuando apareció mi abuelo y fue depurado por el franquismo (de
catedrático de universidad pasó a maestro de escuela) mi abuela no
superó nunca ese descenso de nivel social y la conocí siempre de
mal humor, irritada e irritante y muy belicosa en contra del mundo
en general y en contra de mi abuelo en particular.

Mi madre huyó pronto de ese ambiente y marchó a Granada a
estudiar medicina quedándose en enfermera cuando conoció a
mi padre, militar, en un sanatorio para tuberculosos que había en
Aracena (Huelva) pueblo en el que, por cierto, nací yo.

Mi padre era egoísta, machista e irresponsable. Mi madre, mujer
adelantada a su tiempo y a la que se le debió “pegar” algo del
carácter de la suya, se empecinó en trabajar cuando mi padre
fue destinado a la base naval de Cartagena, llena de militares y
curas, con una sociedad peor que la de Oviedo en la época de La
Regenta, lo cual generó no pocos y malignos comentarios.

Mi padre pagó este “desatino” no dando un duro en casa, con
lo cual era mi madre la que llevaba todo el peso de la economía
familiar. No sé cómo se las arreglaba.

Los dos, inmersos en sus problemas de pareja (supongo) no hacían
ni caso de sus dos retoños: mi hermana y yo, que campábamos
desde bien pequeñas por nuestros respetos. Con el resultado, hasta
hoy dia, de que yo salí a mi madre en lo de estudiosa, responsable
y trabajadora y mi única hermana a mi padre : no existe nada más
que su ombligo.

El cariño familiar entre los 4 miembros era inexistente, ni mis padres
eran cariñosos con nosotras, ni mi hermana y yo nos llevábamos
bien: para los amigos de mis padres ella era la belleza de la
familia y yo la inteligente (cosa que bien poco importa cuando eres
adolescente), cuando en realidad ni mi hermana era más “guapa”
que yo ni yo más “inteligente” que ella.


Mi madre nunca dio la cara ante los problemas familiares. Cuando
decidió separarse de su marido se fue a Madrid “a ver a sus padres”
y desde allí me llamó para decirme que no volvía a Cartagena y me
dejó encargada de coger el finiquito en su trabajo, decírselo a mi
padre, hacer la mudanza, contratando un camión de idem. e irnos
en tren mi hermana y yo a Madrid.

Yo tenía 15 años, quince, y creo que mi padre tenía tantas ganas
de perderla/nos de vista como ella con lo que no puso ningún
reparo. Siquiera cuando le dejé por todo mobiliario el dormitorio
conyugal. No volví a verlo.

Ya en Madrid, mi madre tenía que trabajar mañanas y tardes en
diferentes sitios, yo estudiaba y cuidaba niños los fines de semana,
para tener algún dinero ¿y mi hermana?. Pues la verdad es que
no recuerdo lo que hacía. Nosotras nos ocupábamos de nuestra
comida, de la ropa, de la casa….

En un mes de marzo, tres meses antes de cumplir los 18 años, me
casé/ron con un alto y sicópata funcionario en la Basílica de San
Francisco el Grande de Madrid, que me llevaba 18 años.

Volviendo a mi madre tengo que reconocer varias cosas buenas
respecto a mí: me inculcó el amor por la lectura, quería que
estudiara y fuera independiente y siempre que podía me compraba
libros y considero que de ella he heredado el ser muy trabajadora y
responsable en toda mi vida laboral y, aunque parezca una tontería,
por la alimentación sana, que me ha permitido no pasar de los 50
kgs. nunca (a excepción de cuando estaba embarazada, claro).

Lo negativo: su falta de afectividad, su desapego, no entender que
su hija de 15 años TENÍA 15 años y no debía asumir tareas que no
le correspondían, su egoísmo y su irresponsabilidad. Es cierto que
nos daba de comer, nos vestía y daba techo, pero no solo de pan
vive el hombre, me parece a mí.

Una vez yo casada y con un buen status económico me preocupé
un montón, económicamente, por ella y por mi hermana (a
escondidas de mi –ex), por lo que fui agraciada, por ellas dos en
una “connivencia” que nunca entendí (y dejo claro que las dos
pueden considerarse buenas personas), con una gran trampa
hacia mí cuando heredamos (las tres), pero sobre todo yo, de un
tío materno de mi madre (soltero y sin hijos) que, por cierto, fue el
padrino de mi boda.

Cuando me enteré de la “trampa” mi hijo pequeño era ya abogado,
le di todos los poderes para que arreglara las cosas en mi nombre

(yo salí perdiendo, claro) y rompí toda relación con las dos. Esto
ocurrió hace 15 años, más o menos.

Todo esto no quiero que parezca un lamento, que no lo es, o que
sintáis pena por mi !qué horror¡. La vida… es lo que es.
A día de hoy creo que he desarrollado una buena vida: he tenido
4 hijos con los que pienso que he sido una buena madre (dentro
de lo que cabe, que siempre se falla en algo), me he preocupado
y preocupo por ellos. Hice dos carreras universitarias, saque unas
oposiciones, he tenido una vida laboral extraordinaria, aunque
nada que ver con lo que estudié (literatura y filología españolas,
Biblioteconomía y hasta 3º de Periodismo), me separé, me volví
a casar hace 5 años, ahora estoy en “excedencia voluntaria”,
tengo problemas (¿quién no?), pero ninguno para morirse. Sigo
trabajando, ahora en casa, leyendo carretadas de libros, viajando
siempre que quiero a “mi” Rocío, buenas/os amigas/os, con los
que ceno o como con frecuencia, mi pareja, mis tres cocker´s, mi
enorme casa con la que siempre soñé…
¿Traumas?: ninguno que yo sepa.
No echo en falta en absoluto la figura materna o paterna ni echo
pestes de mi solitaria infancia y adolescencia.
¿Defectos?: muchos. Creo y supongo. ¿El peor?: el que me la
hace, tarde o temprano, me la paga, sin yo mover un dedo. No
tengo ninguna compasión por este tipo de personas.
NB: esta es una redacción un tanto edulcorada. La realidad fue
peor.

la autora, con su madre y su hermana a la izquierda
 


Isa
www.sopasyletras.com

4 comentarios:

  1. Las madres y su importancia SIEMPRE en nuestras vidas. No me había enterado del concurso, lo siento Chris, estoy como en capilla pero sin boda. Al enterarme hace un rato empecé una historia para mandarte, pero no sé si la terminaré.

    Preciosa la foto, interesante la historia.

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    Respuestas
    1. Candela, ha habido otras blogueras que me han dicho que quieren participar pero necesitan tiempo. He decidido ampliar el plazo del concurso. Al fin y al cabo se trata de compartir historias entre todas.

      La fecha tope será el 15 de febrero.

      Quiero recordaros a todas que no tiene por qué ser un resumen de la vida de tu madre, puede ser un simple recuerdo de algo de ellas, una anécdota...formato totalmente libre.

      Besos!!

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    2. Candela: no siempre las madres o importantes en nuestra vida, salvo que te hayan producido traumas importantes. Aquí viene la cuestión de uno: saber escapar de las personas tóxicas, por muchos lazos de sangre que haya por medio.
      Para mi una persona que no haya superado una infancia difícil, es una persona inmadura, que no es tan negativo como parece: hay personas que superan obstáculos vitales y personas que no. Tan válidas son unas como otras, pero las primeras tienen una vida más, digamos, "fácil".
      Yo títule el articulo "¿Madre no hay más que una? : o Ninguna". Porque hay madres que se titulan así sólo porque han llevado un niño dentro, lo dieron a luz y ahí se acabó la historia, aunque le dieran de comer, lavaran, vistieran y lo llevaran al médico si era necesario.
      Luego está que ser madre es la "profesión" más difícil del mundo y más que a menudo con un resultado ingrato. A lo mejor el problema está en nosotras mismas: esperamos que los hijos nos quieran y asistan en todas ocasiones y de forma incondicional olvidando que son personas independientes que tienen su propia vida (aunque nosotras se la hayamos dado) y que, en la mayoría de los casos, el amor es unidireccional: de padres/madres hacia sus hijos y no birediccional.
      Digamos, exagerando, que muchas esperamos las "migajas" afectivas que les sobran.
      Complicado eso de los hijos.

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  2. Cualquiera puede tener un hijo, no todos debieran ser padres.
    Siempre digo que la naturaleza no es nada sabia.

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